Selección de personal
Exámenes de ingreso laboral: cuáles aplicar en planta y en qué orden
Qué exámenes de ingreso aplicar al contratar personal de planta: médico, laboratorio, psicométricos y de conocimientos, en qué orden y qué no se puede pedir.
Por Indu Talent
6 min de lectura
El ingreso que sale mal por falta de exámenes casi nunca truena el primer día. Truena a la tercera semana, cuando el operador que “estaba perfecto” no aguanta el turno de pie, o al tercer mes, cuando una incapacidad abre la pregunta de si esa lesión ya venía de antes y nadie la documentó. Los exámenes de ingreso existen para contestar una sola pregunta antes de firmar: ¿esta persona puede hacer este trabajo, en este puesto, sin riesgo para ella y para la operación?
La confusión habitual es tratarlos como un solo trámite. Son una batería, y cada examen de ingreso contesta una cosa distinta. Aquí va el mapa completo desde el lado de la empresa: cuáles existen, a quién aplicarlos, en qué orden y dónde está la raya de lo que no se puede pedir.
Los cuatro tipos de exámenes de ingreso (y qué decide cada uno)
1. Examen médico de ingreso
El central. Un médico o clínica ocupacional evalúa si el candidato puede realizar las funciones físicas del puesto, y el resultado que recibe la empresa es el dictamen: apto, apto con restricciones o no apto para ese puesto en concreto. Lo que debe llegar a la empresa es ese dictamen, no el expediente clínico: el detalle se queda con el médico, porque la información de salud es dato sensible.
La palabra clave es “para ese puesto”: la batería depende de la exposición real. Carga manual, horas de pie, ruido, temperatura, químicos, alturas, manejo de montacargas. Un ayudante general y un montacarguista no llevan el mismo examen, y pagar el examen completo de todo a todos es tirar dinero.
2. Exámenes de laboratorio y gabinete
Los estudios que alimentan al médico: biometría, química sanguínea, general de orina, y según el puesto, audiometría, espirometría o placas. Aquí entra también el antidoping, que conviene decidir por política escrita: a qué puestos aplica (típicamente los de seguridad crítica: montacargas, grúas, vehículos) y qué pasa ante un positivo, decidido antes de tener el primer caso enfrente, no después.
3. Pruebas psicométricas y de comportamiento
Miden rasgos y capacidades: atención, razonamiento, estilo de trabajo. Su lugar correcto es complementar, nunca vetar por sí solas. Cómo elegirlas y calificarlas da para su propio capítulo, que ya escribimos en pruebas de selección de personal.
4. Pruebas de conocimientos y práctica
Las más baratas de todas y las que más ingresos fallidos evitan: el ejercicio real del puesto. Leer un plano, ajustar una pieza, capturar en el sistema. Si el puesto tiene una habilidad crítica, se comprueba con las manos antes del contrato, no con la palabra en la entrevista.
El estudio socioeconómico no es un examen de ingreso
Suele contratarse en el mismo paquete, pero contesta otra pregunta: si los datos y el entorno del candidato son los que dijo, no si puede con el trabajo. Ya explicamos qué verifica el estudio socioeconómico y qué puede pedir la empresa; en este artículo nos quedamos con la batería de exámenes propiamente dicha.
A quién aplicarlos y en qué orden
La regla de oro es económica: los exámenes van al final del embudo, sobre finalistas, cuando el perfil, la entrevista y las referencias ya hicieron su trabajo. Aplicar batería completa a diez candidatos para contratar a dos duplica el costo del proceso sin mejorar la decisión.
El orden que recomendamos en plaza operativa:
- Con la terna definida: prueba práctica o de conocimientos, que es rápida y filtra fuerte.
- Con el finalista elegido: examen médico con sus laboratorios, junto con el estudio socioeconómico si el puesto lo amerita.
- Con dictamen y verificación en mano: carta oferta y fecha de ingreso.
Un ejemplo hipotético para ver la mecánica, con números inventados solo para ilustrar: una planta que ingresa 12 operadores al mes define batería básica (médico general más laboratorio estándar) para ayudante general, y batería ampliada (más audiometría y antidoping) solo para montacarguistas y soldadores. Resultado del ajuste: el gasto de exámenes deja de crecer con el número de candidatos y crece solo con el número de contrataciones.
En ingresos masivos el orden cambia de logística, no de lógica: las evaluaciones corren en paralelo por oleadas, como contamos en la guía de reclutamiento masivo para un arranque.
Un detalle que cuesta cero y evita ausencias: avisar al candidato desde la entrevista qué exámenes vienen, dónde se hacen y quién los paga (la empresa, siempre que sea requisito del proceso). El candidato que llega al laboratorio sin saber a qué iba es el mismo que ya no llega a la firma del contrato.
Lo que la empresa puede pedir y lo que no
Tres rayas que conviene tener claras por escrito:
- El dictamen sí, el expediente no. La empresa necesita saber si la persona es apta para el puesto; no necesita, ni debe almacenar, su historia clínica. Pedir el dictamen por puesto protege a las dos partes.
- Nada de certificados de no embarazo. Exigirlos para el ingreso, la permanencia o el ascenso lo prohíbe el artículo 133, fracción XIV de la Ley Federal del Trabajo. Además de ilegal, es el tipo de práctica que espanta al talento que sí quiere quedarse.
- El resultado no se comparte. El dictamen del candidato no es tema de pasillo ni de grupo de WhatsApp de supervisores. Quien firma el manejo de esa información debe estar definido en el procedimiento.
Y una precisión que evita sustos: “no apto” casi nunca significa “no apto para trabajar”. Significa no apto para ese puesto. Un candidato no apto para carga manual puede ser perfectamente apto para una posición de inspección. Tener ese segundo camino definido recupera candidatos que ya pasaron todo lo demás.
Los errores que más cuestan
- Examinar a todos por igual. Batería única “por si acaso” para puestos con exposiciones distintas: caro donde sobra y ciego donde falta.
- Contratar antes del dictamen. “Que entre el lunes y el examen se lo hacemos la otra semana” convierte el examen de ingreso en un examen de personal activo, con todas las complicaciones que eso trae.
- No documentar el resultado. El dictamen de ingreso es también la fotografía del estado de salud con el que la persona entró. Sin él, cada incapacidad futura es una discusión sin datos.
- Usar la psicometría como veto. Descartar al finalista fuerte por un reporte automático que nadie supo interpretar es regalarle gente buena a la planta de al lado.
- Dar por buenos exámenes ajenos. El certificado que el candidato trae de su empleo anterior habla de otro puesto y de otra fecha. Orienta, pero no sustituye la batería definida para la plaza que tú estás cubriendo.
Por dónde empezar
Toma tus tres puestos con más ingresos al año y escribe, para cada uno, qué exposición real tiene y qué batería mínima lo cubre: ese documento de una página es la política de exámenes de ingreso de tu planta, y probablemente hoy no existe. Cuando exista, compártelo con tu clínica ocupacional: cotizar una batería definida por puesto siempre sale mejor que pedir “el paquete completo” a ciegas. Si quieres apoyo en el proceso completo —perfil, selección con evaluaciones ya aplicadas y terna con informe—, revisa nuestro proceso paso a paso o los servicios de reclutamiento de personal operativo, y lo aterrizamos sobre sus puestos reales.
- exámenes de ingreso
- selección de personal